ENERO 26

"Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye". 1 Juan 4:5

Como Jesucristo es el gran profeta y maestro de la iglesia, podemos discernir y juzgar nuestras doctrinas por su criterio. Cristo puede servir como medida para probarlas. Tal y como Cristo es en persona, así son sus doctrinas. Muchos errores pretenden venir de Cristo, pero Cristo fue santo, humilde, celestial, manso y pacífico. Él es contrario a la sabiduría del mundo y todas las gratificaciones de la carne. Así son las verdades que Él enseña: tienen su carácter e imagen grabadas sobre ellas.

¿Quieres saber si esta o aquella doctrina es del Espíritu de Cristo o no? Examínala por esta regla: cualquier doctrina que encuentres que alienta y contempla el pecado, que exalte al yo, o que se acomode a los designios del mundo y se doblegue a los humores y lujurias de los hombres, puedes rechazarla con seguridad. Cualquier doctrina que haga que aquellos que la profesan sean carnales, orgullosos y sensuales, puedes concluir que nunca vino de Jesucristo.

Los predicadores que son del mundo se evidencian porque hablan del mundo; la influencia del mundo es evidente en sus palabras. Como dijo Jesús, de la abundancia del corazón habla la boca. Mateo 12:34. "El mundo los oye". No enfrentarán el rechazo que un hijo de Dios enfrenta por parte del mundo; "Por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a Él". 1 Juan 3:1


Las doctrinas de Cristo llevan a la piedad; su verdad santifica. No consumas nada, incluso si viene como lo más querido, que no tenga algo de sabor a Cristo y la santidad. Puedes estar seguro que Cristo nunca reveló nada que menoscabe su gloria, o que obstruya el propósito de su propia muerte. También puedes juzgar quiénes son enviados por Cristo para declarar su voluntad. Tienen a su Espíritu en sus corazones, y sus palabras en sus bocas. De acuerdo a la medida de la gracia recibida, se esfuerzan por cumplir su ministerio para Cristo Juan 20:21

Los ministros deberían tratar de imitar al Gran Pastor. Los pastores que están bajo su mando deben ser fieles, tiernos de corazón, personas que trabajan duro, que se deleitan en que el reino prospere, que viven consistentemente con su profesión y que mantienen una comunión dulce y secreta con Dios. Aquellos que imitan a Cristo en estas cosas, ciertamente son enviados por Él para ser una selecta bendición a su pueblo. -John Flavel

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