La gracia engendra deleite en Dios y el deleite engendra meditación. La meditación es un deber en el que consta lo esencial de la Fe en el SEÑOR y que nutre su propia sangre vital. La meditación es masticar las verdades que hemos escuchado. La meditación es como regar la semilla, hace florecer los frutos de la gracia. Un cristiano piadoso es un cristiano que medita.
La meditación es el retiro del alma de sí misma, para que mediante un pensamiento serio y solemne en Dios, el corazón pueda elevarse a los afectos celestiales. La meditación es las alas del alma; cuando un cristiano está absorbido por la tierra, no puede volar hacia Dios sobre esta ala. Entonces dí: "Voy a meditar ahora, ¡oh, todos ustedes, pensamientos vanos quédense atrás, no se acerquen!". Por tanto, cuando estés subiendo al monte de la meditación, ten cuidado que el mundo no te siga y te arroje desde lo alto. El alma se retira y cierra con llave la puerta al mundo para estar con el SEÑOR.
Isaac salió a meditar en el campo", Gén. 24:63; se apartó y se retiró para poder caminar con Dios por medio de ella. Zaqueo tenía la mente en ver a Cristo, y salió de la multitud, "Corrió delante y se subió a un árbol sicómoro para verlo", Luc. 19: 3-4. Entonces, cuando queramos ver al SEÑOR, debemos salir de la multitud de negocios mundanos; debemos trepar al árbol para el retiro de la meditación, y allí tendremos la mejor perspectiva del cielo. Los profesantes mundanos tienen sus pensamientos vagando arriba y abajo, y no se fijarán en Dios. En la meditación hay una fijación de los pensamientos en el objeto. Un cristiano sabio ve con seriedad y reflexiona sobre las cosas de la Fe en el SEÑOR, como María que "guardaba todas estas cosas y las Meditaba en su corazón". Luc.2:19
Dios nos ha pedido que meditemos. "Este libro de La ley no se apartará de tu boca, sino que Meditarás en él día y noche". Estas palabras, aunque dirigidas a Josué, nos conciernen a Todos; como la promesa hecha a Josué concierne a todos los creyentes, Jos.1: 5, Heb. 13: 5. No es suficiente con leer o llevar la Biblia; debemos Meditar en las promesas que son como flores que crecen en el paraíso de las Escrituras; la Meditación, como la abeja, absorbe su dulzura. Así la orden hecha a Josué, abarca a todos los cristianos. Como la Palabra de Dios dirige, debe ser obedecida. Las promesas de Dios aplicadas, se vuelven preciosas y magníficas 2 Ped. 1:4.
Meditar es un buen deber, va contra la corriente de la naturaleza corrupta. Somos rápidos para escuchar, pero lentos para meditar. La mente mundana puede pasar todo el día tejiendo pensamientos y planeando hacer lo malo. Pero en cuanto a la santa meditación, ¡cómo disputa el corazón contra este deber! La antipatía secreta que el corazón tiene contra la meditación muestra que es buena, y es una razón suficiente para practicarla. Por tanto, alma mía medita en la bondad de Dios, en su amor, su misericordia, su poder infinito, en sus promesas que son "en Él sí y en Él amén".
Medita mucho en las promesas de redención mediante la Sangre de Cristo, medita mucho en el amor de Cristo, en la excelencia de Su Gracia, medita de donde y como has sido rescatado de una condenación segura, a la salvación eterna. Medita en el cielo y la vida eterna eterna, te hará pasar por alto las cosas del mundo presente, y evitará que envidies la prosperidad de los malvados, pasarás de la muerte y terrenalidad a la vida eterna. Sí "MEDITA en estas cosas". - Thomas Watson